Aceite derramado
El aceite derramado se extiende despacio y cuesta quitarlo; quizá por eso se temía tanto. Para deshacer su mal agüero, en Sevilla se echaba sal al pozo y uno se apartaba para no oírla caer.
Qué puede significar
Una mancha de aceite no se queda donde cayó. Avanza poco a poco, se mete en las juntas, atraviesa la tela, y cuanto más tardas en atenderla más cuesta quitarla. Por eso sirve de retrato de esas preocupaciones pequeñas que, si no se atienden a tiempo, acaban ocupándolo todo: un malentendido, una deuda menor, un cansancio que se arrastra. El remedio sevillano tiene además un detalle curioso: echar la sal y apartarse para no oírla caer, como si bastara con no mirar el problema. Atenderlo pronto, con algo que lo absorba, suele funcionar mejor.
Según cómo ocurrió
Se vuelca la aceitera en la cocina
Cubrirlo con sal, harina o papel absorbente antes de limpiar evita que se extienda. Curiosamente, la sal era también el remedio de la tradición, aunque con otro fin. ¿Con qué atajas tú lo que se desborda?
Te cae aceite en la ropa
En Santiago de Chile era presagio de buena fortuna. Un poco de detergente para platos antes del lavado ayuda mucho; mientras frotas, puedes acordarte de ese augurio.
Alguien resbala en el suelo
El aceite en el suelo es de los accidentes domésticos más traicioneros. Lo urgente ahí es parar y limpiar antes de seguir con lo que estabas haciendo.
Una botella que gotea poco a poco
Una gota cada día parece nada, hasta que encuentras el armario manchado. ¿Hay alguna pérdida pequeña y constante en tu vida que todavía no has mirado de frente?
Por qué ocurre en la naturaleza
El aceite no se mezcla con el agua y moja muy bien las superficies, por eso se extiende en una capa fina y resbaladiza difícil de limpiar solo con agua. Echar encima sal, harina o papel absorbente ayuda a recogerlo. En las casas mediterráneas, el aceite de oliva fue durante siglos un bien caro, y perderlo dolía.
Qué dicen las creencias populares
Andalucía (España)
En la Sevilla de 1883, derramar el aceite de una alcuza era de mal agüero. Para deshacerlo se tiraba al pozo un puñado de sal y uno se apartaba enseguida para no oírla caer; también valía arrojar a la calle diez o doce cubos de agua.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 89 y 90, pp. 237-238. Ver la página
Portugal
Según una superstición portuguesa recogida por Consiglieri Pedroso, derramar aceite en una casa era señal de desorden, y para evitarlo había que rociar enseguida un puñado de sal por encima, en forma de cruz.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), S. P. 181, p. 237. Ver la página
Chile (Santiago)
En Santiago de Chile, a principios del siglo XX, derramarse el aceite presagiaba incendio, aunque si caía por casualidad sobre la ropa era presagio de buena fortuna.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 774 y 775, pp. 285-286. Ver la página
Para pensar
¿Hay alguna preocupación pequeña que se esté extendiendo más de lo que quisieras?