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Atropellar un gato

Atropellar un gato ocurre sobre todo de noche, cuando el animal se queda paralizado ante los faros o cruza de repente. Lo que pesa después es la culpa, más que la mala suerte.

Qué puede significar

Después de atropellar a un gato es común repasar la escena una y otra vez: si ibas rápido, si podías frenar, si lo viste. Esa vuelta sin fin es la culpa, que mira hacia atrás. La responsabilidad, en cambio, mira hacia delante: parar si es seguro, comprobar si sigue vivo, dar con su familia o avisar a quien pueda recogerlo. Las dos pueden convivir, pero solo una ayuda a alguien. Separarlas sirve en muchos otros accidentes de la vida, cuando uno hizo daño sin querer. En el Tíbet, según una vieja enciclopedia, matar un gato, aun por accidente, era cargar con sus culpas.

Según cómo ocurrió

Sigue vivo

Envuélvelo con una toalla o una prenda gruesa para manejarlo sin que te arañe y llévalo a un veterinario. Muchos sobreviven si los atienden pronto.

No pudiste parar

Si detenerte era peligroso, seguir fue lo correcto. Puedes volver después, si es seguro, o avisar a los servicios municipales.

Tenía collar

Avisar a la familia, aunque sea una noticia triste, les evita días de búsqueda. Una nota en la casa más cercana o una foto en el grupo del barrio basta.

Era un gato negro

El color no cambia nada del accidente, aunque la fama del gato negro haga que impresione más. De noche, los gatos oscuros se ven mucho menos.

Por qué ocurre en la naturaleza

Los gatos se mueven mucho al anochecer y de noche, y ante unos faros pueden quedarse quietos un instante o echarse a correr en la peor dirección. Sus ojos reflejan la luz, lo que ayuda a verlos de frente, pero no de lado. En calles con muchos gatos, bajar la velocidad de noche reduce estos accidentes.

Qué dicen las creencias populares

Tíbet

Una enciclopedia de 1903 recoge que en el Tíbet quien mataba un gato, aun sin querer, cargaba con los pecados del animal y con los de la persona que se creía reencarnada en él.

Fuente: Cora Linn Daniels; C. M. Stevans, Encyclopaedia of Superstitions, Folklore, and the Occult Sciences of the World, vol. II (1903), vol. II, p. 597. Ver la página

Para pensar

¿Hay algún daño que causaste sin querer y con el que todavía no sabes qué hacer?