Gato que llega a casa
Un gato que llega a casa y se queda ha encontrado comida, refugio o un rincón tranquilo. Para que no se marchara, en la Sevilla de 1883 se le untaban las patas con aceite, y en Chile se hacía lo mismo con el gato forastero.
Qué puede significar
«El gato es de la casa, y no del amo», se decía en Sevilla, y el dicho explica bien lo que ocurre cuando uno aparece en tu puerta. No viene por ti, al principio: viene por el lugar, porque hay sol a cierta hora, un hueco donde dormir o un plato que se llena. Con el tiempo, si se queda, el lugar y las personas acaban siendo lo mismo para él. A un gato no se le retiene a la fuerza, por mucho aceite que se le ponga en las patas, y a las personas tampoco: vuelven quienes encuentran motivos para volver.
Según cómo ocurrió
Aparece en la ventana cada tarde
Los gatos tienen horarios muy fijos y pasan por los mismos sitios a la misma hora. Si lo esperas sin darte cuenta, ya forma parte de tu rutina. ¿Qué otras visitas pequeñas sostienen tus días?
Entra y se acomoda como si viviera allí
Puede tener dueño, aunque esté flaco o sucio. Pregunta a los vecinos y en una clínica veterinaria cercana antes de decidir nada. A veces lo que aparece en tu puerta ya tiene otra familia.
Llega una gata preñada
Es probable que esté buscando un lugar seguro para parir. Un rincón tranquilo con una caja y una manta puede marcar la diferencia, y avisar a un refugio de animales te ayudará con lo que venga después.
Vuelve tras días sin aparecer
Los gatos que viven fuera recorren territorios amplios y a veces desaparecen una temporada. Si regresa, la confianza sigue ahí. Hay vínculos que aguantan las ausencias mejor de lo que creemos.
Por qué ocurre en la naturaleza
Los gatos son muy territoriales: recorren cada día una zona que conocen bien y se instalan donde encuentran comida, agua y un lugar seguro para dormir. Un gato que aparece y vuelve puede estar ampliando su territorio o haberlo perdido, por ejemplo tras una mudanza. Antes de quedártelo conviene averiguar si tiene dueño.
Qué dicen las creencias populares
Andalucía (España)
En la Sevilla de 1883, para que un gato llevado de una casa a otra no se marchara de la nueva, se le untaban los pies con aceite. El autor recuerda la frase que corría entonces: el gato es de la casa, y no del amo.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 30, pp. 219-220. Ver la página
Chile
En La Serena y en Santiago (Chile), hacia 1915, bastaba untarle las patas con aceite o manteca a un gato forastero para que se quedara en casa.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 632, p. 263. Ver la página
Para pensar
¿Qué tiene que tener un lugar para que lo sientas tuyo?