Ver un cuervo
En una crónica castellana medieval, dos cornejas junto al camino figuran entre los malos agüeros de los Infantes de Lara; siglos después, Quevedo se reía de esos miedos. Ver un cuervo puede llevarte a mirar dónde pisas.
Qué puede significar
Quevedo tenía un consejo para quien veía cuervos al salir de casa: dejarlos volar y fijarse en dónde pisa. Es una forma sensata de vivir el encuentro. Un cuervo es grande, negro y nada tímido, y es normal que su presencia te ponga en guardia; lo que hagas después ya depende de ti. Puedes quedarte con la inquietud o devolver la mirada al camino que tienes delante, al paso concreto que toca dar hoy. Hay además un detalle curioso: los cuervos y sus parientes reconocen caras humanas, así que mientras tú lo miras, él también se queda con la tuya. Ante la misma escena, unos temblaban y otros se reían.
Según cómo ocurrió
Al salir de casa por la mañana
Es justo la escena de la que se burlaba Quevedo. Antes de darle vueltas, prueba a mirar el suelo que pisas y lo que tienes que hacer en las próximas horas: a veces el día se tuerce más por las prisas que por cualquier pájaro.
Uno a cada lado del camino
Es una de las escenas de mal agüero de la leyenda de los Infantes de Lara: una corneja a la derecha y otra a la izquierda. Hoy lo más probable es que veas una pareja, porque estas aves van a menudo de dos en dos. Si te tocó pasar entre las dos, puedes preguntarte entre qué dos opciones caminas estos días.
Te observa desde una farola
Que un cuervo te siga con la mirada no es imaginación: es un ave que aprende quién pasa por su territorio. Tómalo como un recordatorio de que tu barrio también se queda con lo que haces, para bien y para mal, aunque nadie lo comente.
Varios cuervos al atardecer
En otoño e invierno muchos córvidos se reúnen para dormir en grupo en árboles altos, y al caer la tarde llegan de todas partes. Más que un presagio, es una costumbre de abrigo: juntos pasan mejor la noche.
Por qué ocurre en la naturaleza
Cuervos, cornejas, grajillas y chovas son córvidos: aves de buena memoria que comen casi de todo, desde semillas hasta restos de comida, y por eso se acercan a pueblos y ciudades. En la Universidad de Washington, el equipo de John Marzluff comprobó que los cuervos americanos recuerdan durante años la cara de una persona que los molestó.
Qué dicen las creencias populares
Castilla (crónica medieval)
En la leyenda de los Infantes de Lara, tal como la cuenta una crónica castellana medieval que cita Vicuña Cifuentes, el ayo de los infantes vio una corneja a la derecha del camino y otra a la izquierda haciendo grandes agüeros, y calló; poco después, ante otra mala señal, les pidió volver a casa.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), nota al n.º 598, p. 257. Ver la página
España (siglo XVII)
Quevedo se burlaba de los agüeros en su Libro de todas las cosas: si al salir de casa ves volar cuervos, déjalos volar y mira tú dónde pones los pies. Lo recoge Granada en su estudio de 1896.
Fuente: Daniel Granada, Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata (1896), p. 344. Ver la página
Asturias (España)
En Proaza (Asturias), a finales del siglo XIX, las chovas, a las que el recopilador llama «cuervos chiquititos», se tenían por aves del tiempo: si volaban muy bajas y en enjambre, era que venía lluvia.
Fuente: L. Giner Arivau (dir. Antonio Machado y Álvarez), Folk-Lore de Proaza, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. VIII (1886), n.º 74, t. VIII, pp. 249-250. Ver la página
Para pensar
¿En qué ibas pensando cuando se cruzó el cuervo, en el camino que pisabas o en otra cosa?