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Cosas que se caen solas

Las cosas que se caen solas casi nunca se mueven de golpe: las vibraciones de la casa las empujan poco a poco hacia el borde. En Chile, en cambio, se culpaba a los duendes, y en Santiago, también a las ánimas.

Qué puede significar

Un frasco que cae del estante parece desplazarse de golpe, pero su viaje empezó mucho antes. Cada portazo, cada camión que pasa y cada centrifugado de la lavadora lo empujaron un milímetro hacia el borde, y nadie lo vio. La caída es solo el último paso. Por eso estos sustos pueden servir para mirar los cambios lentos de tu vida, los que no se aprecian de una semana a otra, como una amistad que se enfría o una costumbre que se te escapa. En Chile se hablaba de duendes que tiraban piedras, y en Santiago, de ánimas que daban golpes en las paredes, mientras que Daniel Granada sospechaba de alguna muchacha traviesa de la casa. Tu estante, probablemente, solo estaba algo inclinado, y tú mirabas hacia otro lado.

Según cómo ocurrió

De noche, en silencio

Con la casa quieta, cualquier golpe suena enorme. Además, por la noche baja la temperatura y la madera y el yeso se contraen, lo que basta para que algo apoyado al límite pierda el equilibrio.

Un gancho adhesivo que se despega

La humedad y las temperaturas altas ablandan el pegamento, y el peso termina de arrancarlo. Pasa sobre todo en baños y cocinas, días o semanas después de colocarlo.

Se te caen las cosas de las manos

En días de prisa o de cansancio, la atención va por delante de los dedos, que sueltan antes de tiempo. Lo que falla es la coordinación del momento, no el objeto.

Siempre del mismo estante

Puede estar inclinado, o cerca de una puerta o un electrodoméstico que vibra. Un nivel de burbuja o una canica encima lo delatan en segundos.

Por qué ocurre en la naturaleza

Las vibraciones de pasos, puertas, tráfico y electrodomésticos hacen que los objetos se deslicen lentamente, en especial sobre superficies lisas o algo inclinadas. El calor, el frío y la humedad dilatan y contraen muebles y paredes, y ablandan los adhesivos. Cuando el objeto llega al borde, basta un golpe mínimo para que caiga.

Qué dicen las creencias populares

Chile

Vicuña Cifuentes recoge que la leyenda más difundida en Chile sobre los duendes les atribuía la afición de asustar a los moradores de algunas casas arrojándoles piedras y rompiendo los vidrios de las ventanas.

Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), p. 55. Ver la página

Chile (Santiago)

En Santiago, hacia 1915, se decía que los golpes secos en las paredes y las piedrecillas que a veces caen sobre el cielo raso de las habitaciones no tienen otro origen que las ánimas, que así se hacen presentes.

Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 238, p. 192. Ver la página

Río de la Plata

Daniel Granada anotó en 1896, a propósito de las casas rioplatenses donde caían piedras, que los «duendes tiradores de piedras» solían ser muchachas de doce o trece años que se divertían a costa de la familia.

Fuente: Daniel Granada, Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata (1896), p. 463. Ver la página

Para pensar

¿Qué se ha ido acercando al borde en tu vida sin que lo vieras?