Everyday Omens

Puerta que se abre sola

Una puerta que se abre sola se mueve, en general, por una corriente de aire, una bisagra torcida o un pestillo que no encaja. En Proaza (Asturias) se evitaban los portazos porque podía haber un alma cumpliendo allí su purgatorio.

Qué puede significar

Cuando una puerta se abre sin que nadie la toque, el primer pensamiento casi nunca es «corriente de aire». Es «hay alguien». Ante un movimiento sin causa a la vista, la mente imagina antes una mano que un cambio de presión. Es un reflejo muy antiguo y salta igual en el pasillo de casa. Las tradiciones lo llenaron de almas y aparecidos; la física, de bisagras y ventanas abiertas. Entre el susto y la explicación hay un segundo en el que se ve bastante bien cómo funcionas: si te ríes, si investigas la causa o si te quedas con la historia. Conocer tu reacción te sirve también para otros sustos.

Según cómo ocurrió

Al abrir una ventana o la puerta de entrada

El aire que entra empuja o tira de las demás puertas. Si pasa siempre que ventilas, la explicación está a la vista: basta con un tope.

De noche, cuando todo duerme

El crujido de las bisagras se oye mucho más y el susto es mayor. Si la puerta no cierra bien, un cambio de temperatura puede bastar para que se suelte.

Siempre la misma puerta

Lo más probable es que esté descolgada o que el marco no esté a plomo, y la gravedad la vaya abriendo poco a poco. Ajustar las bisagras lo arregla.

Se cierra de golpe

Una corriente fuerte puede cerrarla con violencia. Cuidado con los dedos de los niños y con las mascotas que pasan junto al marco.

Por qué ocurre en la naturaleza

Las puertas se abren solas por diferencias de presión entre habitaciones al abrir una ventana o la puerta de entrada, por bisagras flojas o un marco desnivelado que deja actuar a la gravedad, o porque el pestillo ya no encaja en su sitio. La madera también se hincha y se encoge con la humedad y la temperatura.

Qué dicen las creencias populares

Asturias (España)

En Proaza (Asturias), hacia 1886, se decía que no había que dar portazos ni cerrar de golpe las ventanas, porque podía hacerse daño a un alma que cumpliera en ellas su purgatorio. Se contaba que una joven cerró con ira una ventana y oyó salir de la madera una voz: «¡Ay, que me matas!».

Fuente: L. Giner Arivau (dir. Antonio Machado y Álvarez), Folk-Lore de Proaza, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. VIII (1886), n.º 25, t. VIII, p. 235. Ver la página

Chile (Santiago)

Vicuña Cifuentes describe casas santiaguinas en las que se oían gemidos y pasos, y manos invisibles volcaban objetos y abrían las puertas mejor cerradas; se creía que allí penaban las almas de quienes habían cometido crímenes en ese lugar.

Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 246, p. 194. Ver la página

Para pensar

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando viste moverse la puerta?