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Romper un plato

Romper un plato da un susto que dura un segundo y un barrido que dura cinco minutos. En el Santiago chileno de 1915, lejos de tirarlo, se echaba un plato de loza quebrado en la olla para que se ablandara la carne dura.

Qué puede significar

Un plato roto parece el final de algo: se barre, se envuelve en papel y a la basura. Por eso llama la atención la costumbre santiaguina de echar un plato de loza quebrado en la olla cuando la carne no se ablandaba. Lo roto seguía trabajando. La taza sin asa que acaba guardando lápices, el plato partido que termina en un mosaico o la receta que salió mal y se convirtió en otra corren la misma suerte, y a veces también los planes. Antes de tirar los trozos, mira un segundo si sirven para algo.

Según cómo ocurrió

Se parte al sacarlo del horno o del microondas

El cambio brusco de temperatura dilata una parte antes que otra. Dejar que se temple antes de mojarlo evita muchas roturas.

Se viene abajo una pila de platos

El estruendo es enorme y el problema, muchas veces, es cómo estaban apilados. Menos platos por pila, y los más grandes abajo.

Un plato desportillado que sigues usando

Una mella pequeña concentra la tensión y acaba en grieta. Puedes retirarlo de la mesa y darle otro uso: bajo una maceta, para las llaves o como base de una vela.

Falta una pieza del juego

Cuando se rompe una pieza de la vajilla, el juego parece incompleto para siempre. Muchas mesas viven felices con platos desparejados, y la comida sabe igual.

Por qué ocurre en la naturaleza

La cerámica de un plato aguanta mucho peso, pero resiste mal los golpes: en cuanto se forma una grieta, recorre la pieza en un instante. Los cambios bruscos de temperatura, como pasar del horno al agua fría, y las mellas pequeñas del borde la debilitan antes de que se note.

Qué dicen las creencias populares

Chile (Santiago)

En Santiago de Chile, a comienzos del siglo XX, se aconsejaba que, cuando la carne estaba dura y tardaba en cocerse, se echara en la olla un plato de loza quebrado para remediarlo.

Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 757, p. 283. Ver la página

Para pensar

¿Qué objeto roto de tu casa todavía podría servir para otra cosa?