Se cae un tenedor o una cuchara
Que se te caiga el tenedor, la cuchara o el bocado mientras comes pasa a diario. En Sevilla y en La Serena (Chile) se decía que en ese instante alguien ausente se estaba acordando de ti.
Qué puede significar
Un tenedor que se cae a medio camino de la boca suele delatar algo: la cabeza estaba en otra parte. Comemos mirando una pantalla, contestando un mensaje o dándole vueltas a la tarde, y la mano se descuida. La tradición explicaba ese despiste mirando hacia fuera: si se te cae lo que comes, es que alguien lejos se acuerda de ti, y en Santiago añadían que el nombre de esa persona empieza por la letra de la comida que se escapó. Es un juego bonito. También deja una idea práctica: en una comida sin pantalla, con la atención puesta en el plato, se caen muchas menos cosas.
Según cómo ocurrió
La cuchara del café
Cae con un tintineo que oye todo el mundo. En una reunión rompe la tensión más que crearla: alguien se ríe y la conversación sigue. En Santiago, además, una cuchara caída anunciaba la visita de una señora.
Se te escapa el bocado
Esa es exactamente la situación que describían en Sevilla y La Serena. Si quieres jugar a la versión santiaguina, mira qué comida era y piensa en alguien cuyo nombre empiece por esa letra.
Un bebé tira la cuchara una y otra vez
A cierta edad, los bebés dejan caer las cosas a propósito para ver qué pasa y quién las recoge. Es su manera de entender cómo funciona el mundo, aunque agote a los adultos.
En un restaurante
Lo habitual es pedir otro cubierto en lugar de recogerlo y seguir usándolo. Nadie lo va a tomar como un mal gesto.
Por qué ocurre en la naturaleza
Los cubiertos se caen sobre todo cuando comemos deprisa, hablando o con la mirada en otra cosa: el metal es liso, el borde del plato es curvo y la mano los sujeta con poca fuerza. Si además el plato está muy lleno, el tenedor apoyado en el borde resbala con facilidad.
Qué dicen las creencias populares
Andalucía y Portugal
En Sevilla, hacia 1883, cuando a alguien se le caían las cosas al tomarlas o al llevárselas a la boca, se decía que otras personas ausentes se estaban ocupando de él: «¿quién me estará nombrando?». En la colección portuguesa comparada, si caía pan, era un hombre; si era carne, una mujer.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 95 y S. P. 170, p. 239. Ver la página
Chile (La Serena y Santiago)
En La Serena (Chile) se creía que si a alguien se le cae de las manos o de la boca lo que está comiendo, otra persona se ha acordado de él en ese instante. En Santiago añadían que el nombre de quien lo recuerda empieza por la inicial de la comida que se escapó.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 991-992, p. 321. Ver la página
Para pensar
¿En qué comida de tu día estás de verdad en la mesa, sin pensar en otra cosa?