Se rompe un anillo
Cuando se rompe un anillo, casi siempre cede por detrás, en la parte de la palma: años de agarrar, apoyarse y lavar platos la van adelgazando. También fallan las soldaduras de los anillos a los que alguna vez se les cambió la talla.
Qué puede significar
Un anillo no se rompe por el lado que enseñas. Se rompe por detrás, en la franja que roza la palma, la que se apoya en la baranda, en el volante o en el mango de la sartén. Ahí se va afinando a escondidas hasta que un día cede. Cuando pasa, aparece una elección pequeña y reveladora: soldarlo y seguir usándolo, o guardarlo tal como quedó. Hace dos mil años, en Roma, ya se pensaba dónde llevar el anillo para que sufriera menos.
Según cómo ocurrió
Se parte por detrás
Es la rotura típica de los anillos de oro con muchos años. El metal se ha afinado tanto en la zona de la palma que basta una presión pequeña.
Se abre en la soldadura
Si alguna vez se cambió la talla, ahí hay una unión que puede fallar con el tiempo o con un golpe.
Se cae la piedra
Las garras que sujetan la piedra se doblan y se gastan con los roces. A veces la piedra aparece días después en un bolsillo o entre los pliegues de la ropa.
Se raja un anillo de acero o de tungsteno
La plata y el oro son blandos y se deforman antes de romperse; el acero duro y el tungsteno, en cambio, pueden agrietarse con un golpe seco.
Por qué ocurre en la naturaleza
El oro y la plata son metales blandos, y el roce diario los desgasta poco a poco, sobre todo en la parte del anillo que toca la palma. Con los años esa zona puede quedar muy delgada y partirse. Las soldaduras hechas para cambiar la talla y las garras que sujetan las piedras son los otros puntos débiles habituales.
Qué dicen las creencias populares
Roma antigua
Brand y Ellis recogen la opinión del jurista romano Ateyo Capitón: el anillo se llevaba en la mano izquierda porque la derecha se usaba mucho más y las piedras de los anillos se rompían con facilidad.
Fuente: John Brand; Henry Ellis, Observations on the Popular Antiquities of Great Britain, vol. II (1849), vol. II, p. 104. Ver la página
Para pensar
¿Qué se te desgasta por el lado que nadie mira?