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Ver caer un rayo

Ver caer un rayo impresiona aunque esté lejos, y puede tocar tierra a más de 15 kilómetros de la tormenta. En las estancias rioplatenses se creía que en casa con nido de hornero no cae el rayo.

Qué puede significar

Ante un rayo, lo primero que quiere cualquiera es un techo. Las tradiciones añadieron a ese techo pequeñas protecciones: en las estancias rioplatenses, los nidos de hornero en las cornisas; en dos ciudades de Chile, palma bendita quemada; en Sevilla, una «piedra de rayo» que protegía a quien la tenía. Todas dicen lo mismo con objetos distintos: necesitamos algo a lo que agarrarnos cuando afuera truena. Hoy sabemos que el refugio real es un edificio o un auto cerrado, y aun así casi todos tenemos nuestro propio rincón seguro, que no siempre es un lugar: una voz, una costumbre, alguien a quien llamar. Conviene tenerlo localizado antes de que empiece la tormenta.

Según cómo ocurrió

Lo ves desde la ventana

Dentro de casa estás a salvo. Mejor alejarse de la ventana abierta y no usar aparatos enchufados a la red durante lo peor de la tormenta.

Te sorprende al aire libre

Lo más seguro es entrar en un edificio o en un auto cerrado. Los árboles aislados y los lugares altos son los peores refugios.

Rayos sin una gota de lluvia

Las tormentas secas pueden lanzar rayos lejos de donde llueve. Que no llueva no quiere decir que el rayo no pueda llegar.

Cae cerca y se va la luz

Un rayo puede provocar cortes y picos de tensión. Desenchufar los aparatos delicados antes de la tormenta los protege.

Por qué ocurre en la naturaleza

Un rayo es una descarga eléctrica enorme entre una nube y el suelo, o entre nubes. En una fracción de segundo calienta el aire de su camino a casi 30 000 grados, y puede caer a más de 15 kilómetros del centro de la tormenta. Por eso, si oyes truenos, ya estás dentro de su alcance.

Qué dicen las creencias populares

Río de la Plata

Granada cuenta que en el campo rioplatense de fines del siglo XIX se creía que en casa con nido de hornero no cae el rayo, y que por eso se veían hileras de esos nidos en las cornisas de las casas de estancia.

Fuente: Daniel Granada, Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata (1896), p. 264. Ver la página

Chile (La Serena y Santiago)

Vicuña Cifuentes cuenta que en La Serena y en Santiago, los días de tormenta, era costumbre quemar palma bendita del Domingo de Ramos, a veces con olivo, para conjurar el rayo; se decía que también servía contra los terremotos.

Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 234, p. 192. Ver la página

Andalucía y Portugal

En Sevilla, hacia 1883, se creía que la «piedra de rayo» libra de las descargas a quien la tiene, y la colección portuguesa comparada añadía que también protegía la casa donde se guardaba.

Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 24 y S. P. 308, pp. 218-219. Ver la página

Para pensar

¿Dónde, o con quién, te sientes a salvo cuando todo alrededor retumba?