Oír truenos
Oír truenos quiere decir que hay rayos cerca. Si cuentas los segundos entre el destello y el ruido y los divides entre tres, sabrás a cuántos kilómetros cayó. Los sevillanos de 1883 decían que eran carros rodando por el cielo.
Qué puede significar
Hay una cuenta que se enseña a los niños durante las tormentas: ves el relámpago, cuentas despacio hasta oír el trueno, divides entre tres y sabes cuántos kilómetros te separan de él. Es un truco pequeño con un efecto grande. El estruendo sigue siendo el mismo, pero deja de ser una amenaza sin forma y se convierte en un número: «está a cinco kilómetros», «se está alejando». Muchos miedos responden igual. Cuando les pones medida (cuántos días, cuánto dinero, qué es lo peor que podría pasar), se vuelven más manejables. En Sevilla, ese ruido eran carros cargados de piedras que rodaban por el cielo; en Proaza, gigantes que empujaban las nubes unas contra otras.
Según cómo ocurrió
Truenos lejanos que no paran
El retumbo largo se debe a que el sonido llega desde distintos puntos del rayo, a distancias diferentes. Si tarda más de medio minuto en llegar, la tormenta está a unos diez kilómetros o más.
Uno muy fuerte, justo encima
Si el trueno llega casi a la vez que el destello, el rayo cayó muy cerca. Es momento de quedarse bajo techo y lejos de las ventanas.
Los perros se asustan
A muchos perros les dan miedo los truenos. Un rincón tranquilo de la casa y tu compañía les ayudan a pasarlo.
De noche, sin poder dormir
A oscuras, cada trueno parece más cercano. Contar segundos también funciona en la cama, y puede ayudar a que un niño se duerma.
Por qué ocurre en la naturaleza
El trueno es el ruido del aire al expandirse de golpe cuando un rayo lo calienta. La luz llega casi al instante y el sonido tarda unos tres segundos por kilómetro, de ahí la cuenta para saber la distancia. Rara vez se oye a más de unos 15 kilómetros.
Qué dicen las creencias populares
Andalucía y Portugal
En Sevilla, hacia 1883, se decía que las tormentas las producen grandes carros cargados de piedras o de pan que van rodando por el cielo; la colección portuguesa comparada recogía lo mismo de los truenos.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 11 y S. P. 418, p. 214. Ver la página
Chile (Santiago)
Una creencia santiaguina recogida hacia 1915: cuando estalla la tempestad, hay que sujetarse de una puerta para que no se hunda el mundo.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 420, p. 229. Ver la página
Asturias (España)
En Proaza (Asturias), hacia 1886, se creía que las tormentas las producen los nubeiros, seres como hombres altísimos que corren detrás de las nubes y las empujan unas contra otras.
Fuente: L. Giner Arivau (dir. Antonio Machado y Álvarez), Folk-Lore de Proaza, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. VIII (1886), n.º 6-7, t. VIII, pp. 224-225. Ver la página
Para pensar
¿Qué miedo se te hizo más pequeño la última vez que lo mediste con números?