Ver la luna de día
Ver la luna de día ocurre más a menudo de lo que se cree: se deja ver con luz en buena parte de las fases, sobre todo en los cuartos. Brilla con la misma luz solar que de noche, solo que el azul del día la vuelve pálida.
Qué puede significar
Cuando la luna aparece en pleno día, se rompe una costumbre de la mirada: la tenemos asociada a la oscuridad, y de pronto está ahí, pálida, compartiendo el azul con el sol. Ninguna de las luces anula a la otra. Esa coincidencia trae a cuento cosas que solemos creer incompatibles y que conviven sin problema: el cansancio y la ilusión, la prisa y la calma, el duelo y la risa en una misma semana. Como imagen, la escena sugiere que un estado no tiene por qué esperar a que termine el otro.
Según cómo ocurrió
Por la tarde, con el sol todavía alto
En la semana que sigue a la luna nueva, sale a media mañana o a mediodía, y por la tarde se ve en pleno azul mucho antes de que oscurezca.
Por la mañana, hacia el oeste
En la fase menguante, la luna sigue visible después del amanecer, baja sobre el horizonte, mientras empieza el día.
Muy pálida, casi transparente
La luz que devuelve la luna tiene un brillo parecido al del azul diurno, así que se ve lavada. Las zonas oscuras de su superficie se distinguen, pero sin contraste.
Muy cerca del sol
Cerca de la luna nueva queda tan próxima al sol que su cara iluminada mira hacia el otro lado y apenas se puede distinguir.
Por qué ocurre en la naturaleza
La luna brilla porque refleja la luz del sol a cualquier hora. Su brillo es comparable al del cielo diurno, así que se ve cuando está lo bastante lejos del sol y por encima del horizonte, algo que ocurre buena parte del mes. Se ve mejor en los cuartos; cerca de la luna nueva, su lado iluminado mira hacia el otro lado.
Para pensar
¿Qué cosas que parecen opuestas conviven ahora mismo en tu vida?