Tatuarse el nombre de la pareja
Tatuarse el nombre de la pareja arrastra mala fama, y la historia del tatuaje le da algo de razón. En el Japón del siglo XVIII los amantes ya se tatuaban el nombre del otro, y también se lo borraban.
Qué puede significar
En el Japón del siglo XVIII, una cortesana podía tatuarse en el brazo el nombre de su amante junto a la palabra «inochi», que quiere decir «vida». Era una promesa para siempre, grabada con tinta, y cuando la relación terminaba, podía borrarse quemándolo con la cazoleta de una pipa. La historia resume bien el dilema: un nombre es lo más concreto que se puede prometer, y las personas cambian aunque la tinta no. Hoy, además, circula por internet la idea de una «maldición»: tatuarse el nombre de la pareja condenaría la relación. Si lo estás pensando, puedes preguntarte qué quieres que diga ese tatuaje: la persona, el momento compartido o tu manera de querer. Un tatuaje, en el fondo, es una promesa hecha a la vista de todos.
Según cómo ocurrió
Solo las iniciales o una fecha
Muchas parejas eligen algo que solo entienden ellas: dos letras, una fecha, unas coordenadas. Guarda el recuerdo sin exponer el nombre completo.
Tatuajes a juego
Dos mitades de un dibujo o el mismo símbolo en los dos brazos. Funciona como un nombre, pero deja espacio para que cada parte tenga sentido por separado.
El nombre de un familiar
En un archivo universitario de folclore de California se recoge el caso de una familia de Los Ángeles que, tras perder a uno de los suyos, se tatuó el mismo dibujo con el nombre de quien faltaba debajo.
Cubrirlo después de una ruptura
Los nombres de exparejas están entre los tatuajes que más se quitan o se tapan con otro dibujo. En el Japón antiguo, el método era mucho más doloroso.
Por qué ocurre en la naturaleza
La tinta del tatuaje se deposita en la dermis, una capa profunda de la piel, donde unas células la retienen durante años. Por eso no desaparece con el tiempo. El láser la rompe en partículas más pequeñas que el cuerpo va retirando, y hacen falta varias sesiones; a veces queda una sombra.
Qué dicen las creencias populares
Japón (siglo XVIII)
Según Stephen Crabbe, de la Universidad de Portsmouth, en el Japón del siglo XVIII una cortesana podía tatuarse en el brazo el nombre de su amante junto a la palabra «inochi» (vida); si la relación se rompía, el tatuaje podía borrarse quemándolo con la cazoleta de una pipa.
Fuente: Stephen Crabbe, Having a tattoo of your lover's name has been a bad idea for hundreds of years, The Conversation (2018), theconversation.com. Ver la página
Para pensar
¿Qué promesas prefieres hacer en voz alta y cuáles guardas en privado?