Guardar cosas rotas en casa
Guardar cosas rotas en casa empieza con una buena intención: arreglarlas algún día. Con los meses, ese rincón deja de ser un taller pendiente y se convierte en una lista de decisiones aplazadas.
Qué puede significar
En casi cualquier casa hay un rincón de cosas rotas: la lámpara sin interruptor, el paraguas con una varilla doblada, el reloj que se paró. No se tiran porque se van a arreglar, y no se arreglan porque nunca es el día. Cada objeto de ese montón es una pequeña decisión pendiente entre repararlo y soltarlo, y la indecisión ocupa más sitio que el objeto. Al mirar ese rincón, quizá reconozcas otros asuntos de tu vida que esperan igual. En Heligoland, en cambio, la loza rota tenía su noche: en Nochevieja se llevaba a la puerta de los amigos, y quien juntaba el montón más grande se tenía por el más afortunado. El problema nunca fue lo roto, sino lo que queda a medias.
Según cómo ocurrió
El cajón de «para arreglar»
Crece despacio y sin orden. Revisarlo cada cierto tiempo y decidir, pieza por pieza, si merece un arreglo o una despedida convierte el montón en algo que vuelve a moverse.
Un aparato que dejó de funcionar
Desde 2009 se extienden los cafés de reparación, nacidos en Ámsterdam: encuentros donde voluntarios echan una mano para arreglar aparatos, ropa o muebles. Muchas averías tienen un arreglo sencillo.
Algo roto que era de alguien querido
Una taza de la abuela con el asa pegada no se guarda para usarla, sino para tenerla cerca. Ese objeto no es una tarea pendiente: ya cumple su función, que es recordar.
Una vajilla desparejada por las roturas
Cada pieza que falta cuenta un accidente distinto. En Austria se tenía por malísimo agüero arrojarle a alguien loza rota en un arrebato de enfado.
Por qué ocurre en la naturaleza
A las personas nos cuesta desprendernos de lo que es nuestro: varios estudios de psicología muestran que valoramos más un objeto por el solo hecho de poseerlo. A eso se suma que arreglar algo exige tiempo, piezas y saber cómo, y que lo pendiente se deja para un momento que no llega.
Qué dicen las creencias populares
Heligoland
Una enciclopedia de 1903 recoge que en Heligoland, la víspera de Año Nuevo, la gente recorría las calles con ollas y cacharros rotos y los dejaba ante la puerta de sus amigos; quien reunía el montón más grande era el más afortunado y popular.
Fuente: Cora Linn Daniels; C. M. Stevans, Encyclopaedia of Superstitions, Folklore, and the Occult Sciences of the World, vol. III (1903), vol. III, p. 1565 (archivo v 3). Ver la página
Austria
La misma obra anota que en Austria se tenía por muy mala suerte arrojar con enfado loza rota a cualquier persona.
Fuente: Cora Linn Daniels; C. M. Stevans, Encyclopaedia of Superstitions, Folklore, and the Occult Sciences of the World, vol. I (1903), vol. I, p. 436 (archivo v 1). Ver la página
Para pensar
¿Qué arreglo llevas tanto tiempo aplazando que ya no sabes si quieres hacerlo?