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Pisar caca de perro

Pisar caca de perro es un accidente urbano muy común, que nace del descuido de un dueño que no recogió. Molesta más de lo que cuesta limpiarla, y deja ver cuánto depende una calle de gestos pequeños.

Qué puede significar

Pisar una caca de perro es pagar el descuido de alguien a quien nunca vas a conocer. Un dueño que no recogió, una acera que nadie limpió, y el problema termina en tu suela. Los espacios compartidos funcionan así: dependen de gestos pequeños y anónimos que solo se notan cuando faltan. Puede ser un momento para mirar los tuyos, desde el envase que dejas en el banco de un parque hasta la taza que no lavas en la oficina. Reírse del percance ayuda, aunque el zapato haya que limpiarlo igual.

Según cómo ocurrió

Con zapatos nuevos

Duele más, pero se limpian igual: agua, un cepillo viejo y paciencia con las suelas de dibujo profundo.

Justo antes de una cita o una entrevista

Una servilleta, agua y un par de minutos bastan. Llegar con una anécdota graciosa a veces rompe el hielo mejor que llegar impecable.

Dentro de casa, del perro propio

Si pasa a menudo, puede ser cuestión de horarios de paseo o de un perro que pide salir más veces. Vale la pena observar cuándo ocurre.

Eres tú quien pasea al perro

Llevar siempre bolsas y recoger aunque nadie mire es la otra cara de esta historia.

Por qué ocurre en la naturaleza

En las ciudades con muchos perros, una parte de los excrementos queda en aceras y parques porque no todos los dueños los recogen. Se pisan con más facilidad de noche, en calles mal iluminadas, y al caminar mirando el teléfono. Además de oler, pueden contener parásitos, por eso conviene limpiar bien la suela.

Para pensar

¿Qué pequeño gesto tuyo, de esos que nadie ve, mantiene en orden un espacio que compartes con otros?