Everyday Omens

Ver un armadillo

Ver un armadillo es, la mayoría de las veces, cosa de un instante al anochecer: un animal de hocico largo que olfatea el suelo y que, si algo lo asusta, da un brinco hacia arriba en lugar de huir.

Qué puede significar

Lo que más sorprende del armadillo no es su coraza, sino cómo reacciona al susto. En lugar de correr, da un brinco vertical, como si lo empujara un resorte. Entre los matorrales, ese salto desconcierta al animal que lo persigue; en una carretera, frente a un vehículo, lo lanza justo contra él. El mismo reflejo lo libra o lo pierde según el terreno. Si te cruzas con uno, quizá te venga bien repasar tus propios sobresaltos: reacciones que te funcionaron en otra época y que ahora, en otro terreno, te hacen tropezar. Las conchas de quirquincho, en cambio, tuvieron en Bolivia otro oficio: hacer de guardianes de los sembrados.

Según cómo ocurrió

Cruza la carretera de noche

Sale sobre todo al anochecer, ve muy poco y se orienta por el olfato, así que no siempre reacciona a los faros. Por eso tantos acaban atropellados, y verlo pasar con vida es más raro de lo que parece.

Hoza en la tierra del patio

Deja hoyos pequeños donde metió el hocico para sacar larvas, lombrices e insectos. Es su manera de comer, y por la mañana solo quedan los agujeros.

Se congela y luego brinca

Si lo sorprendes de cerca, puede quedarse inmóvil un segundo y después saltar hacia arriba antes de escabullirse entre la hierba. Es un reflejo, no un ataque.

Lo ves con luz de día

Es menos frecuente, pero algunos se mueven también de día. Con luz se aprecian detalles que de noche se pasan por alto: las orejas largas, las bandas del lomo y la cola como un tubo.

Por qué ocurre en la naturaleza

El armadillo de nueve bandas, el más extendido, vive desde Estados Unidos hasta Argentina. Es sobre todo nocturno, ve muy poco y encuentra la comida con el olfato: insectos, larvas y lombrices que saca de la tierra con el hocico y las uñas. Ante un susto, salta hacia arriba, un reflejo que lo expone mucho en las carreteras.

Qué dicen las creencias populares

Bolivia

En Bolivia, según una recopilación de 1920 que cita al jesuita Anello Oliva, se ponían conchas de quirquincho como guardianes de las chacras, y los ladrones no se atrevían a entrar por miedo a enfermar.

Fuente: M. Rigoberto Paredes, Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia (1920), p. 104. Ver la página

Para pensar

¿Qué reacción tuya te protegió hace años y ahora te pone en aprietos?