Ver un jabalí
Ver un jabalí es cada vez más común en los montes y en las afueras de algunas ciudades de España, y también en zonas de Argentina y Uruguay donde fue introducido. Es desconfiado y nocturno: lo habitual es ver antes sus huellas.
Qué puede significar
Un jabalí se conoce mucho antes de verlo. La tierra removida a la orilla de un camino es su firma más clara, y el barro seco en la corteza de un pino delata dónde se rascó. Cuando por fin aparece, es apenas un instante, al anochecer, antes de perderse en el monte. Hay personas que conoces igual, más por las huellas que dejan que por su presencia: el orden que encuentras en una oficina o la planta que alguien riega sin decirlo. Cruzarse con uno también inquietó a gente poderosa: según Gibbon, al emperador Mauricio lo turbó, entre otros presagios, un jabalí que le salió al paso en el año 595.
Según cómo ocurrió
Tierra removida junto al camino
Es su huella más típica: remueve el suelo con el hocico en busca de raíces, bulbos, lombrices e insectos, y deja el suelo como si lo hubieran arado.
Al anochecer, en el borde del bosque
Es su hora favorita para salir a comer. Si te ve, lo normal es que resople y se aleje a la carrera.
Un tronco manchado de barro
Se revuelca en charcas para refrescarse y librarse de parásitos, y después se frota contra los árboles. Esos troncos manchados a la altura de la rodilla delatan su paso.
Un pecarí en vez de un jabalí
El pecarí, al que en muchas zonas de América se llama jabalí, pertenece a una familia distinta. Tiene en el lomo una glándula que desprende un olor fuerte.
Por qué ocurre en la naturaleza
El jabalí (Sus scrofa) es el antepasado del cerdo doméstico. Vive en bosques y matorrales de Europa, Asia y el norte de África, y fue introducido en América. En las últimas décadas sus poblaciones han crecido en muchas zonas de España y bajan hasta las afueras de pueblos y ciudades atraídos por la comida fácil. Es activo sobre todo de noche y tiene un olfato muy fino.
Qué dicen las creencias populares
Imperio bizantino
Brand y Ellis citan al historiador Gibbon: en el año 595, el emperador Mauricio salió a la guerra y regresó a Constantinopla con el ánimo confundido, entre otros presagios, por haberse encontrado con un jabalí.
Fuente: John Brand; Henry Ellis, Observations on the Popular Antiquities of Great Britain, vol. III (1849), vol. III, p. 110. Ver la página
Arabia
Una enciclopedia de 1903 recoge que en las casas árabes se colgaban dos colmillos de jabalí unidos con una banda de plata, para atraer buena suerte y protección.
Fuente: Cora Linn Daniels; C. M. Stevans, Encyclopaedia of Superstitions, Folklore, and the Occult Sciences of the World, vol. II (1903), vol. II, p. 588. Ver la página
Inglaterra (Oxford)
La misma obra cuenta una leyenda de un colegio de Oxford: un estudiante que leía a Aristóteles en un paseo fue atacado por un jabalí y lo ahogó metiéndole el libro en la garganta, y de ahí vendría la ceremonia anual de la cabeza de jabalí.
Fuente: Cora Linn Daniels; C. M. Stevans, Encyclopaedia of Superstitions, Folklore, and the Occult Sciences of the World, vol. II (1903), vol. II, pp. 588-589. Ver la página
Para pensar
¿Qué rastro dejas tú en los lugares por los que pasas cada día?