Ver una garza blanca
Ver una garza blanca es hoy algo frecuente en ríos, humedales y prados con ganado. No siempre fue así: en las últimas décadas del siglo XIX se mataron por miles para adornar sombreros con sus plumas.
Qué puede significar
Cada garza blanca que ves en una cuneta o en el estanque de un parque es, de algún modo, una superviviente. Sus plumas largas de la época de cría se pusieron de moda en los sombreros del último tercio del siglo XIX, y se mataron tantas que en muchos lugares casi desaparecieron. Las salvaron personas que protestaron, dejaron de comprar y pidieron leyes, en una de las primeras grandes campañas por la naturaleza. Verla hoy, tan común que casi no la miras, es ver el resultado de aquellas decisiones. Lo que damos por seguro a nuestro alrededor a veces existe porque, en su momento, alguien lo defendió.
Según cómo ocurrió
Siguiendo a las vacas o al tractor
Es casi seguro la garcilla o garcita bueyera, que come los insectos que el ganado o la maquinaria levantan al moverse. Llegó a América desde África por su cuenta hace unos 150 años.
Con plumas largas en la espalda
En primavera, las adultas lucen plumas finísimas en el lomo: son las que se usaban para los sombreros.
Muchas juntas en un árbol al atardecer
Duermen en grupo en árboles cerca del agua, y el árbol se vuelve blanco al anochecer. Son dormideros que se usan año tras año.
En un canal de la ciudad
Se han adaptado a parques, acequias y depuradoras. Su presencia indica que hay peces o ranas cerca.
Por qué ocurre en la naturaleza
Con el nombre de garza blanca se conocen sobre todo la garceta grande y la garceta común, que pescan en aguas someras, y la garcilla bueyera, que vive en prados junto al ganado. En las últimas décadas del XIX, el comercio de plumas diezmó sus poblaciones, y las protestas contra esa moda impulsaron algunas de las primeras leyes de protección de aves.
Para pensar
¿Qué cosa valiosa sigue existiendo a tu alrededor porque alguien se negó a dejarla perder?