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Usar zapatos usados

Usar zapatos usados es muy común, sobre todo entre hermanos: los pies de los niños crecen a tal ritmo que los zapatos quedan pequeños casi nuevos. En los adultos cambia la cosa, porque el zapato ya tomó la forma de otro pie.

Qué puede significar

La suela de un zapato usado es un retrato de cómo caminaba su dueño. Si el talón está gastado por fuera, pisaba hacia afuera; si la punta está rozada, arrastraba un poco los pies; si la plantilla está hundida en un solo punto, cargaba ahí el peso. Al ponértelos notas enseguida dónde no coinciden con tu pie, y en esa incomodidad aparece algo que nunca habías mirado: tu propia forma de pisar. A veces se necesita llevar algo ajeno para ver cómo eres, como cuando pasas unos días en casa de otra familia y descubres, por contraste, las costumbres de la tuya.

Según cómo ocurrió

Los zapatos de un hermano mayor

Es la herencia más corriente en muchas casas. Los niños cambian de talla en pocos meses, así que el par llega con la suela casi entera.

Comprados de segunda mano

En tiendas y ferias de ropa usada hay muchos pares casi sin uso. La plantilla es lo que más delata cuánto caminó su dueño anterior.

Los zapatos de alguien que murió

Hay familias que los regalan o los donan pronto y otras que prefieren guardarlos un tiempo. No hay un plazo que valga para todas.

Te rozan donde a otro no le rozaban

La piel del zapato cede donde el dueño anterior tenía más presión, y eso no siempre coincide con tu pie. Por eso un par usado puede molestar en sitios donde uno nuevo no molestaría.

Por qué ocurre en la naturaleza

El calzado se adapta al uso: la plantilla se hunde donde el pie apoya más, el talón se gasta según la forma de pisar y la piel cede en los puntos de presión. Por eso un par usado conserva la huella de otra persona. En los niños, el pie crece tan deprisa que muchos pares se quedan pequeños con poco desgaste.

Para pensar

¿Qué costumbre tuya descubriste solo al pasar unos días con otra familia?