Flor en la mecha de la vela
La «flor» en la mecha de una vela es carbón que se acumula en la punta cuando la mecha ha crecido demasiado o la cera lleva muchos aditivos. Antes se cortaba con unas tijeras especiales, y a eso se le llamaba despabilar.
Qué puede significar
Cuando las casas se alumbraban con velas, alguien se encargaba de despabilar: cortar la punta quemada de la mecha para que la vela dejara de humear y diera una luz limpia. De ahí viene despabilarse, o espabilarse, que hoy usamos para decir que alguien se despierta o se pone atento. Esa bolita negra en la mecha es justo lo que había que quitar. Verla puede traerte a la mente lo que se te ha ido juntando en la punta de los días: cosas que no terminan de arder y empañan lo demás. En otras épocas se la miraba como mensajera de visitas o de noticias, y esa lectura convivía sin problema con la costumbre práctica de cortarla.
Según cómo ocurrió
Una bolita negra en la punta
Es la flor típica: carbón que la llama deja sin consumir. Aparece tras varias horas encendida, cuando la mecha ha crecido más de lo que la cera alcanza a alimentar.
La llama crece y humea
Con la flor, la llama se vuelve más alta y suelta hollín. Una mecha recortada a unos pocos milímetros da una llama más baja y más limpia.
Varias bolitas, como un racimo
Cuando la cera lleva mucho perfume o colorante, quedan más restos sin quemar y la punta se llena de bultitos. Pasa más con velas baratas o muy aromáticas.
Brilla como una brasa al apagarla
Al soplar la vela, la flor queda roja unos segundos y suelta un hilo de humo. Es el carbón, que sigue caliente.
Por qué ocurre en la naturaleza
La mecha de algodón sube la cera derretida, que la llama convierte en gas y quema. Si la mecha está demasiado larga, llega más combustible del que la llama puede quemar, y el carbón sobrante se acumula en la punta en forma de bolita. Los perfumes y colorantes de la cera aumentan esos restos.
Qué dicen las creencias populares
Inglaterra
Brand y Ellis cuentan que en Inglaterra esas bolitas de la mecha anunciaban visitas, según la creencia, y que en el norte del país las llamaban «cartas en la vela», como si trajeran noticias.
Fuente: John Brand; Henry Ellis, Observations on the Popular Antiquities of Great Britain, vol. III (1849), vol. III, pp. 180-181. Ver la página
Ámsterdam (Países Bajos)
La misma obra recoge que en Ámsterdam, a finales del siglo XVII, los posaderos llamaban «buenos hombres» a esos hongos: si ardían largo y brillante traerían clientes, y si se apagaban pronto, los que ya estaban se marcharían.
Fuente: John Brand; Henry Ellis, Observations on the Popular Antiquities of Great Britain, vol. III (1849), vol. III, p. 182. Ver la página
Para pensar
¿Qué tarea pequeña, hecha a tiempo, te ahorra luego mucho trabajo?