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Vela que se apaga sola

Si una vela se apaga sin que nadie la sople, la culpa suele ser de una corriente o de una mecha ahogada. En las bodas sevillanas que describió Guichot en 1883, el primero cuya vela se apagara sería, según la creencia, el primero en morir.

Qué puede significar

Una vela encendida depende de cuidados pequeños: un rincón sin corrientes, una mecha recortada y alguien que retire la cera que la ahoga. Cuando se apaga «sola», lo habitual es que faltara uno de esos detalles. Las llamas pequeñas de una casa tienen nombre y apellido: la persona que se acuerda de las fechas, la que llama a la abuela los domingos, la que pone la mesa aunque sea un día cualquiera. Funcionan sin ruido, y solo se nota su trabajo cuando dejan de hacerlo. Las creencias de Sevilla y de Proaza leían algo más en la primera llama que se apagaba: quién moriría antes o qué alma saldría primero del Purgatorio.

Según cómo ocurrió

En una cena con velas

Una ventana entreabierta o alguien que pasa deprisa basta para apagarla. Si se apaga a mitad de la conversación, se enciende de nuevo y se sigue: el momento no depende de la llama.

Dentro de un frasco o un farol cerrado

Si el recipiente apenas deja entrar aire, la llama gasta el oxígeno y se debilita hasta apagarse. Un frasco más ancho o abierto lo resuelve.

La vela de un recuerdo

Cuando se apaga una vela encendida por alguien que ya no está, es normal que impresione. Detrás hay una corriente o una mecha corta, como en cualquier otra vela, y un vaso de vidrio alto la protege mejor.

Se ahoga en su propia cera

Pasa con mechas demasiado cortas o con velas anchas que se derriten solo por el centro. Recortar la mecha y retirar un poco de cera derretida le devuelve la llama en muchos casos.

Por qué ocurre en la naturaleza

Una vela se apaga sola por tres causas habituales: una corriente de aire que no notamos, una mecha que se hunde en la cera derretida o la falta de oxígeno dentro de un recipiente cerrado. Las mechas descentradas o muy cortas hacen que la llama se ahogue antes.

Qué dicen las creencias populares

Andalucía y Portugal

En Sevilla, hacia 1883, se creía que en la misa de velaciones de una boda, aquel de los esposos cuya vela se apagara primero también moriría primero. En la colección portuguesa comparada lo marcaba la vela más pequeña: moriría antes quien la tuviera a su lado.

Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 244 y S. P. 83, p. 280. Ver la página

Asturias (España)

En Proaza (Asturias), en la noche de difuntos, se encendían lamparillas de aceite, una por cada alma, diciendo su nombre en voz alta. La primera que se apagaba indicaba que esa alma sería la primera en salir del Purgatorio.

Fuente: L. Giner Arivau (dir. Antonio Machado y Álvarez), Folk-Lore de Proaza, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. VIII (1886), n.º 70-71, t. VIII, p. 247. Ver la página

Para pensar

¿Quién mantiene encendidas, sin que se note, las pequeñas costumbres de tu casa?