Se cae el azúcar
Que se caiga el azúcar no tiene la fama de la sal derramada: las viejas recopilaciones de supersticiones apenas se ocupan de él. Lo que sí trae es trabajo, y conviene hacerlo en el orden correcto.
Qué puede significar
El azúcar derramado enseña algo sobre el orden de las cosas. Si lo barres en seco, desaparece en un minuto; si le pasas primero un trapo húmedo, se disuelve, se pega al suelo y acaba llamando a las hormigas. El mismo desastre puede quedar en nada o complicarse según lo que hagas primero. Ocurre también con una discusión que se arregla mejor al día siguiente que en caliente, o con un papel que conviene leer antes de firmar: pararse un segundo a elegir el primer paso ahorra el resto. Y, al revés que con la sal, al azúcar casi nadie le teme. En la capital chilena, como mucho, se miraba en la taza para adivinar el tiempo.
Según cómo ocurrió
En la mesa
Arrástralo con la mano o una espátula hasta un papel y tíralo. Después, un paño húmedo quita lo que quede pegado.
En el suelo, y lo pisas
Cruje y se reparte por toda la cocina pegado a las suelas. Mejor barrer o aspirar antes de seguir caminando por la casa.
Al día siguiente hay hormigas
Las exploradoras encontraron los restos y dejaron un rastro de olor para las demás. Limpiar con agua y un poco de vinagre ayuda a borrar ese rastro.
El paquete se rompe en la compra
Pasa con las bolsas de papel cuando se humedecen. Guardarlo en un frasco bien cerrado evita que se apelmace y que se derrame.
Por qué ocurre en la naturaleza
El azúcar es higroscópico: atrapa la humedad ambiente y, al mojarse, se vuelve un jarabe pegajoso que se adhiere a las superficies. Los granos rebotan al caer y se esparcen bastante lejos, y las hormigas detectan los restos dulces con mucha rapidez.
Qué dicen las creencias populares
Chile (Santiago)
En Santiago de Chile, hacia 1915, se decía que si al echar el azúcar en una taza de té o de café se formaban muchas burbujas, vendría mal tiempo.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 417, p. 229. Ver la página
Para pensar
Ante un problema pequeño, ¿te paras a pensar el primer paso o te lanzas con lo primero que se te ocurre?