Tocan la puerta y no hay nadie
Cuando tocan la puerta y no hay nadie, lo más común es que el sonido venga de otro sitio: un vecino, una tubería, la madera que se contrae o el viento. En los edificios, los golpes viajan por las paredes.
Qué puede significar
En un edificio, el golpe que oyes en tu puerta puede haber sonado en la del vecino. El sonido viaja por muros y tuberías, parece sonar en tu puerta y abres a un pasillo vacío. La experiencia deja una idea útil: no todo lo que nos llega iba dirigido a nosotros. Un comentario lanzado en un grupo o un gesto seco en el trabajo a veces tienen otro destinatario, y aun así pasamos el día dándoles vueltas como si fueran nuestros. Antes de abrir, o de preocuparte, conviene preguntarse de dónde vino realmente el ruido. En Santiago de Chile, el tictac de un insecto escondido en la habitación dejaba a más de una casa en vilo: ¿sonaba el reloj de la fortuna o el de la desgracia?
Según cómo ocurrió
Un golpe seco de noche
Al bajar la temperatura, la madera de puertas y muebles y otros materiales de la casa se contraen y crujen. Pasa más en las noches frías después de un día caluroso.
Suena el timbre y no hay nadie
Los timbres inalámbricos pueden activarse con la señal de un aparato cercano o con la pila baja. También existe la broma de llamar y salir corriendo.
Golpecitos en la ventana
Una rama movida por el viento o un pájaro que pelea con su reflejo en primavera son causas muy comunes.
Tres golpes seguidos
Puede ser una tubería: cuando un grifo se cierra de golpe, el agua frena en seco y los tubos vibran con varios golpes.
Por qué ocurre en la naturaleza
Las casas hacen ruido: la madera y el metal se dilatan y se contraen con la temperatura, el agua golpea las tuberías al cerrarse un grifo y el viento empuja puertas y ventanas. En los edificios, el sonido de un golpe viaja por la estructura y puede parecer que viene de tu puerta cuando nació en otra.
Qué dicen las creencias populares
Chile (Santiago)
En Santiago de Chile, hacia 1915, el tictac del insecto llamado relojillo dejaba perpleja a la familia: no sabía si era el reloj de la fortuna o el de la desgracia, y hacía de todo por encontrarlo. Si después llegaba un mal paso, lo achacaban a haber echado al de la fortuna.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 580, p. 254. Ver la página
Para pensar
¿Qué te ha preocupado últimamente que, pensándolo bien, quizá ni siquiera iba contigo?