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Ver un halcón

Ver un halcón es más fácil de lo que crees: el cernícalo se queda suspendido sobre los campos y el peregrino anida en edificios. Lo asombroso es cómo mantienen la cabeza fija mientras las alas no paran.

Qué puede significar

Fíjate en un cernícalo que se cierne sobre un prado: las alas baten, la cola se abre y se cierra, el viento lo empuja, y la cabeza sigue clavada en el mismo punto, como sujeta por un hilo. Así puede mirar el suelo sin que la imagen le tiemble. Dice algo curioso sobre la atención: no consiste en estar quieto, sino en sostener la mirada mientras todo lo demás se mueve. En los días de llamadas, prisas y cambios de planes, una sola cosa bien mirada rinde más que diez vistas a medias. Según el Inca Garcilaso, los antiguos pobladores del Perú veneraban a los halcones por su ligereza y su destreza en la caza.

Según cómo ocurrió

Suspendido sobre un campo

Es casi seguro un cernícalo. Vigila ratones e insectos desde unos metros de altura y, cuando los ve, se deja caer en picado.

En lo alto de un edificio de la ciudad

Los halcones peregrinos anidan en catedrales, puentes y rascacielos, donde no faltan palomas que cazar. Varias ciudades tienen cámaras que transmiten sus nidos.

Cruza veloz entre los árboles

Si persigue pájaros entre ramas y setos, puede ser un gavilán, una rapaz de otra familia, con alas cortas y cola larga para maniobrar.

Un tiuque o un chimango cerca de casa

En el Cono Sur es un pariente del halcón muy confiado, que se arrima a pueblos y carreteras. En Santiago se creía, hace ya un siglo, que cuando revoloteaban inquietos y gritando, pronto llovería.

Por qué ocurre en la naturaleza

Los halcones no son parientes cercanos de águilas y gavilanes: forman un grupo propio, más emparentado con loros y pájaros cantores. Matan con el pico, que tiene una muesca a modo de diente, y el peregrino supera los 300 km/h en picado. El cernícalo estabiliza la cabeza al cernirse, aunque el cuerpo se mueva.

Qué dicen las creencias populares

Perú antiguo

Según el Inca Garcilaso, citado por Granada, los antiguos pobladores del Perú adoraban a los halcones por su ligereza y por su habilidad para cazar, igual que adoraban al cóndor por su grandeza.

Fuente: Daniel Granada, Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata (1896), p. 277 (cita del Inca Garcilaso, Comentarios reales). Ver la página

Chile (Santiago)

En Santiago de Chile, hacia 1915, se decía que cuando los tiuques revolotean y graznan como si algo los inquietara, es señal de que pronto lloverá.

Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 381, p. 224. Ver la página

Para pensar

¿Qué merece hoy toda tu atención, aunque a tu alrededor todo se mueva?