Soplar un diente de león
Soplar un diente de león es un juego pequeño que no necesita reglas. Sus semillas vuelan con paracaídas que se cierran con la humedad, y un viejo libro inglés aseguraba que, si el vilano volaba sin viento, iba a llover.
Qué puede significar
Pasada la infancia, soplar un diente de león es de las pocas cosas que se hacen solo por ver qué pasa, si te dejas: no sirve para nada práctico, no se mide, no se publica. Llenas los pulmones, soplas, y las semillas se van cada una por su lado. Los niños lo hacen sin pensarlo; con los años da cierto pudor que alguien te vea. Por eso, si aparece uno a la orilla del camino o en un parque, mejor no dejarlo pasar. Ese juego sin objetivo es casi un descanso.
Según cómo ocurrió
Una bola blanca perfecta
Cada semilla lleva su propio paracaídas de pelillos, el vilano. Si soplas despacio, verás que salen en grupos y no todas a la vez.
En un día húmedo no vuela
Con la humedad, los paracaídas se cierran y las semillas caen más cerca. Es la manera que tiene la planta de esperar a que el tiempo sea mejor para viajar.
Una flor amarilla en una grieta de la acera
Crece casi en cualquier sitio y florece buena parte del año. Que salga entre el asfalto muestra lo terca que es.
Lo soplas con un niño
Enseñarle a soplar fuerte, o despacito para que dure, convierte un minuto en un recuerdo. Y te da permiso para hacerlo tú también.
Por qué ocurre en la naturaleza
El diente de león es una flor compuesta que, al madurar, forma una esfera de semillas, cada una con un vilano: un penacho de pelillos que funciona como paracaídas y que el viento lleva lejos. Con el aire húmedo, ese penacho se cierra y la semilla cae antes; con aire seco se abre de nuevo.
Qué dicen las creencias populares
Inglaterra
Brand y Ellis citan a Coles, un autor inglés que escribió sobre plantas: si el vilano de la fárfara, del diente de león y de los cardos sale volando cuando no hay viento, va a llover.
Fuente: John Brand; Henry Ellis, Observations on the Popular Antiquities of Great Britain, vol. III (1849), vol. III, pp. 244-245. Ver la página
Para pensar
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo por el gusto de verlo volar?