Ver una liebre
Ver una liebre es, muchas veces, verla un instante antes de que arranque por el campo abierto. Vive sin madriguera, a la intemperie, y tanto los sevillanos como los santiaguinos aseguraban que dormía con los ojos abiertos.
Qué puede significar
La liebre no tiene madriguera. Pasa el día echada en un hueco poco profundo del suelo, a cielo abierto, fiándose de su color y de sus orejas. De ahí la vieja idea, repetida por sevillanos y santiaguinos, de que dormía con los ojos abiertos, y la expresión «sueño de liebre» para un descanso ligero. Verla puede hacerte pensar en cómo descansas: si de verdad desconectas o si duermes con un ojo puesto en lo pendiente. A veces esa vigilancia es necesaria durante un tiempo; sostenida durante meses, cansa más que el propio trabajo. En ocasiones se la miró con recelo, como hacían los cazadores santiaguinos, pero su imagen más conocida es la de un animal que nunca termina de dormirse.
Según cómo ocurrió
Sale disparada de entre la hierba
Se queda inmóvil hasta el último momento, confiando en que no la veas, y luego arranca en zigzag. En campo abierto es una de las corredoras más rápidas que te puedes cruzar.
Al anochecer en un camino de tierra
A esa hora sale a alimentarse. Mucha gente la descubre con los faros del vehículo, con las orejas largas recortadas contra el campo oscuro.
Se te atraviesa al salir de cacería
Para los cazadores santiaguinos, que se les atravesara una liebre al empezar la jornada era mal comienzo, y varios autores ingleses del siglo XVII opinaban igual.
Una cría sola entre los surcos
Las crías de liebre nacen con pelo y con los ojos abiertos, y a las pocas horas ya se mueven. Por eso se las ve solas tan pronto, cosa que con los gazapos de conejo no ocurre.
Por qué ocurre en la naturaleza
Las liebres son parientes de los conejos, pero más grandes y con orejas y extremidades traseras más largas. No cavan madrigueras: descansan en una depresión del terreno y escapan a la carrera. Sus crías nacen con pelo y los ojos abiertos, listas para moverse en pocas horas, mientras que las de conejo nacen ciegas y sin pelo.
Qué dicen las creencias populares
Chile (Santiago)
En Santiago de Chile, hacia 1915, se decía que las liebres duermen con los ojos abiertos para que sus enemigos las crean despiertas y listas para escapar, y que, al revés, están en vela cuando los cierran.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 664, p. 268. Ver la página
Andalucía
En la Sevilla de 1883 se repetía que las liebres duermen con los ojos abiertos; de ahí la frase «tener sueño de liebre», sueño ligero, y una copla de cuna que comparaba al niño con ellas.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 33, p. 220. Ver la página
Chile (Santiago)
También en Santiago se decía que no puede esperar nada bueno el cazador al que se le atraviesan en el camino una vieja o una liebre.
Fuente: Julio Vicuña Cifuentes, Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915), n.º 806, p. 289. Ver la página
Inglaterra
Brand y Ellis reúnen a varios autores ingleses del siglo XVII para quienes era de muy mala suerte que una liebre se cruzara en el camino al salir; uno de ellos cuenta que el supersticioso, en ese caso, se volvía a casa.
Fuente: John Brand; Henry Ellis, Observations on the Popular Antiquities of Great Britain, vol. III (1849), vol. III, p. 201. Ver la página
Para pensar
Cuando descansas, ¿descansas de verdad o duermes con un ojo abierto?