Regalar perfume a tu pareja
Regalar perfume a tu pareja, dicen, la aleja, como si el amor se evaporara con él. Es un regalo arriesgado por otra razón: cada perfume huele distinto en cada piel, y nadie puede probarlo por otro.
Qué puede significar
Un perfume nunca llega terminado. En la botella huele de una manera, pero en la piel se mezcla con la temperatura, la grasa y el aroma propio de cada persona, y al cabo de unas horas ya es otra cosa. El mismo perfume que te encanta en ti puede no funcionar en tu pareja, y al revés. Regalarlo es aceptar que la otra persona completa el regalo y que no lo controlas del todo. Lo que das se transforma al llegar al otro, y eso no lo estropea: lo hace suyo. Que el perfume aleje a la pareja lo repite mucha gente; el riesgo real es bastante más modesto: equivocarse de aroma.
Según cómo ocurrió
Su perfume de siempre
Es lo más seguro: sabes que le gusta en su piel. Fíjate en el nombre exacto, porque muchas marcas tienen versiones parecidas.
Uno nuevo elegido por ti
Si puedes, consigue una muestra y deja que lo pruebe unos días. Un perfume se juzga mejor al cabo de unas horas que en el primer momento.
Al principio de la relación
Un perfume es un regalo muy personal y puede parecer precipitado. Algo más ligero, como una vela o una crema, deja margen.
Te regalan uno que no te gusta
Puedes probarlo en la ropa en lugar de en la piel, o cambiarlo con el comprobante. Contarlo con cariño evita que el siguiente también falle.
Por qué ocurre en la naturaleza
Un perfume se compone de notas que se evaporan a ritmos distintos: las de salida duran minutos, las de corazón unas horas y las de fondo el resto del día. En la piel se mezclan con la temperatura, la grasa y el olor propio de cada persona, por eso el mismo perfume cambia de una persona a otra.
Para pensar
¿Qué regalo tuyo cambió al llegar a otra persona, y cómo te sentó?