Regalar sal
Regalar o prestar sal tiene mala fama en muchas familias, sin que nadie sepa bien por qué. A la vez, pedir sal al vecino es uno de los favores más pequeños y más comunes que existen.
Qué puede significar
Pedir sal al vecino es casi un clásico: el favor más pequeño posible, el que se pide cuando falta un ingrediente y sirve de excusa para conocerse. Por eso sorprende que esté rodeado de reparos. Quizá esos miedos dicen algo sobre lo que pesan los favores entre personas que comparten pared, porque dar abre una relación y no todo el mundo quiere abrirla. Si alguien te pide sal, lo que está en juego no es la suerte, sino si quieres que esa puerta se abra un poco. Y si eres tú quien la pide, el gesto funciona como presentación. En la Sevilla de 1883, la sal tenía otro papel al llegar a una casa nueva: se echaba por los rincones para que no faltara el alimento.
Según cómo ocurrió
El vecino te pide sal
Dásela sin ceremonias. Es una de las formas más sencillas de empezar una relación de vecindad, y a menudo vuelve en forma de otro favor.
Te devuelven la sal prestada
Algunas familias prefieren no recibirla de vuelta. Si te la devuelven, agradecerla basta: nadie lleva la cuenta de una cucharada.
Un tarro de sal especial
Las sales de mar, ahumadas o con hierbas son hoy un regalo de cocina como cualquier otro, igual que un buen aceite.
Te piden sal de noche
Es cuando más se acaba, en plena cena. Ayudar no cuesta nada, y la superstición da para una buena risa en el rellano.
Por qué ocurre en la naturaleza
Durante siglos la sal costó cara y era necesaria para que los alimentos duraran, y eso explica en parte el respeto con que se trataba. Hoy es barata, pero sigue siendo de lo primero que se acaba en una cocina, por eso es tan común pedirla al vecino.
Qué dicen las creencias populares
Andalucía (España)
En la Sevilla de 1883, al mudarse de casa, lo primero que se hacía para que no faltara el alimento era rociar con sal los rincones de las habitaciones.
Fuente: Alejandro Guichot y Sierra (dir. Antonio Machado y Álvarez), Supersticiones populares recogidas en Andalucía y comparadas con las portuguesas, en Biblioteca de las tradiciones populares españolas, t. I (1883), n.º 289. Ver la página
Para pensar
¿A qué vecino le pedirías sal sin pensarlo dos veces, y por qué a ese?